Ut pictura poesis 9/19/2016
Escritor argentino, relatos
Literatura latinoamericana, escritores argentinos, relatos, ensayos literatios, narrativa latinoamericana

Hace muchos años, con Beatriz armamos una antología de textos de Horacio Quiroga: Los "trucs" del perfecto cuentista y otros escritos, que incluye varios artículos nunca publicados en libro. La antología consta de pequeños ensayos sobre literatura, arte, reseñas, críticas literarias y tres artículos que, posteriormente, he utilizado en talleres y seminarios: "El manual del perfecto cuentista", "Los trucs del perfecto cuentista" y "Decálogo del perfecto cuentista". El resultado más interesante de estas tres lecturas fue que me orientó a leer trabajos de autores que han reflexionado sobre su propio proceso creativo.

En los últimos años observé que todo escritor que se precie, se siente en la obligación de escribir algo proporcionando reglas, decálogos, heptálogos o pentálogos -cuando no reflexiones, muchas olvidables- para orientar a escritores nóveles sobre cómo escribir, cuentos o novelas. La propensión es más estridente cuando se trata de autores que aspiran a posicionarse como "los mejores de su generación". Navegando por blogs, webs y medios digitales, he verificado una profusión mucho mayor de la que yo imaginaba, a tal punto que armé una carpeta de links que se llama "Consejos de escritores", y que se aproxima a la decena; no me he esmerado en exceso.

En lo personal y en lo que hace a este tema, además de Horacio Quiroga y Maupassant, sigo refugiado en dos viejos compañeros de ruta: el griego Aristóteles y el romano Quinto Horacio Flaco -más conocido como Horacio-. Del último tengo especial reconocimiento por su Arte poética, también titulada Epístola a los Pisones, en una edición que me acompaña hace ya ocho lustros.

Soy el afortunado poseedor de la edición de 1961 de la Epístola a los Pisones de Quinto Horacio Flaco publicada por la casa catalana Bosch -ignoro si existe todavía- y que compré en la mítica librería de mi amigo Giulio Della Rovere del cual ya he escrito en Galerías y pasajes y Galerías y pasajes 2. Sostengo que soy el poseedor venturoso porque no sé de otra traducción semejante a esta. Es una versión bilingüe canónica: el texto en verso en la página impar y, en la página par enfrentada, la traducción literal -aquello de tratuttore traditore se hace más flagrante y, valga la aliteración, aberrante, cuando las traducciones son en verso-. Además, mi versión de la Epístola a los Pisones, tiene un valor adicional invalorable: la versión en latín está "ordenada" de acuerdo a nuestras reglas de discurso y orden de la frase; el romano Horacio cultivaba con pasión de esteta el hipérbaton, que es todo lo contrario -para entender bien el concepto de hipérbaton recomiendo leer el pasaje de Las soledades de Góngora, admirador de Horacio, el romano, por aquello de: "Si mucho poco mapa le despliega, / mucho más es lo que, nieblas desatando, / confunde el sol y la distancia niega"-. Helena Valentí, la traductora de Horacio ha colocado en la página par el texto ordenado del la Epístola a los Pisones y al pie el original Horaciano con sus hiperbólicos hipérbatons. Una finesa bibliográfica comparable con un Dry Martini helado. ¡Chapeau!

De mi Epístola a los Pisones rescato dos pasajes. Uno, los versos 361 a 363: "La poesía es como la pintura (Ut pictura poesis), algunas obras te gustarán más de lejos, otras de cerca. Esta pide oscuridad, aquella exige ser vista a plena luz." Esta operación que realizo con el texto no es casual porque, desde mis años de estudio de letras y la iluminación que fue leer Baudelaire, recupero la relación de la literatura con las artes plásticas, la arquitectura y el urbanismo. Ahora, de los siete pecados capitales cultivo con obsesión de jardinero cuatro; uno de ellos: la envidia. Por eso -homo sum- intentaré, para no ser menos que otros escribidores, redactar mis propias reglas para escritores nóveles, pero a la luz de Horacio.

La semana pasada fuimos a ver en el Museo Nacional de Bellas Artes la exposición de fotos sobre playas cariocas de Rogerio Réis -imperdible-. De esa experiencia glosaré e intervendré sus nueve consejos -para mí, fotógrafo aficionado, fueron un satori-, que aparecen en un cartel en la sala de exposiciones del MNBA con el título: "Breve manual para la toma de fotos espontáneas en las playas de Río". Me parece que, si los aplicamos a la hora de escribir sobre literatura, experiencias personales o la de amigos o conocidos, estos consejos no tienen desperdicio.

1- Mantente siempre en movimiento así no tienes que dar todo tipo de explicaciones; trata de ser discreto y usa la cámara en automático. Dispara fotos horizontales. Si levantas los brazos para hacer tomas verticales la rotación de los brazos delatará tu disparo. Mejor aún practica sacar fotos con la cámara a la altura del pecho o de la cintura; de esta manera permanecerás más inadvertido. En los modernos combates urbanos que nadie note tu presencia también es una regla de oro. Es necesario cambiar constantemente de posición y tratar de no llamar la atención de snipers enemigos, que buscan darte la oportunidad de morir por tu patria volándote los sesos de un balazo.

2- Los bañistas, vendedores ambulantes, homeless, mendigos, guardias salvavidas ignoran tus intenciones artísticas y, además, no tienen por qué compartirlas. Debes ser tolerante con ellos.

3- Es probable que un teleobjetivo le llame la atención a muchachas, muchachos. Pueden creer que eres un fotógrafo de una revista del corazón o un paparazzi a la caza de caras o talentos nuevos. De la misma manera, muchas personas que se acercan a un escritor lo hacen con una frase hecha a flor de labios: "lo que yo he vivido daría para escribir una novela".

4- Muchos paranoicos o celosos de su anonimato podrían sentirse incómodos con tus fotos. Esto incluye a ladrones, dealers y drogones; su paranoia los puede volver violentos y agresivos. Acá deberás ejercitar toda tu diplomacia, pedirles disculpas y borrar las fotos delante de ellos (hay muchas maneras de configurar tu máquina para que cree un archivo paralelo y oculto).

5- En el caso anterior no cuentes con la ayuda de guardias o policías. Ellos están más preocupados por prevenir disturbios más importantes. Cuando uno sale a sacar este tipo de fotos sabe a lo que se arriesga.

6- Las torres de observación de los guardias salvavidas son un excelente punto para hacer tomas con teleobjetivo o panorámica. Pero, si no eres "muy" amigo de un guardia salvavidas no intentes subir a la torre de observación de un puesto de salvamento -además, lo sabes, lo estás distrayendo de su trabajo.

7- Si en algún momento ves que algún o algunos sospechosos te están observando te queda el recurso de usar tu teléfono celular de manera ostentosa mirándolos y luego en otras direcciones y gesticula, como comunicándote con alguien que sigue tus pasos. Puede funcionar. Rezar también ayuda.

8- Esta debería ser la primera advertencia. Cada vez que trabajas en espacios públicos puedes herir la susceptibilidad de alguien, por eso ten presente la máxima de Banksy, el artista urbano, "es más fácil pedir perdón que permiso."

9- Una de las formas de proteger la identidad de las personas fotografiadas es pixelar los rostros. Esto provoca un interesante diálogo intertextual con Hemingway -por aquello de su "teoría del iceberg"- y nos lleva al terreno de la écfrasis -término no aceptado por la Real Academia, pero si a un impreciso sinónimo "hipotiposis". John Baldesarri te puede orientar sobre este asunto; también el maestro de la Bauhaus Laszlo Moholi-Nagy por aquello de: “The illiterate of the future will be ignorant of the pen and the camera alike” ("Los analfabetos del futuro ignorarán tanto el uso de la pluma como de la cámara", aunque, para no pecar de anacrónico, debería cambiar "pluma" por "teclado").

El otro pasaje de Horacio, el romano, bueno tener presente cada vez que uno se cree que es "el mejor escritor de su generación" o una simbiosis de escritor de best sellers ("mejor vendidos") y "autor de culto" -y de esta manera evitar que algún sniper de la literatura nos vuele el ego de un plumazo- es el verso 139 de la Epístola a los Pisones. El párrafo habla de escritores presuntuosos y culmina con: Parturiunt montes, nascetur ridiculus mus (Los montes van de parto; nacerá un ridículo ratón).

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional.

literatura literatura latinoamericana relatos ensayos literario
cuentos escritores latinoamericanos escritores argentinos narradores argentinos